Del 22 al 25 de Octubre de 2024, Viña del Mar, Chile
Introducción: La pandemia de COVID-19 incrementó el uso de sedación profunda en pacientes críticos en UCI, lo que, incluso cuando médicamente indicado, puede aumentar la mortalidad, prolongar la estancia hospitalaria y elevar la incidencia de neumonía asociada al ventilador.
Objetivos: Determinar la frecuencia y los factores asociados con la percepción del uso persistente de sedación profunda en UCI sin indicación médica, comparando los periodos antes y después de la pandemia.
Metodología: Estudio transversal entre médicos intensivistas para evaluar prácticas de sedación, analgesia y delirium durante y después de la pandemia. La encuesta, aprobada por comités de ética y siguiendo las pautas CHERRIES, se probó inicialmente en 200 médicos en España y luego se distribuyó a sociedades nacionales de cuidados intensivos afiliadas a FEPIMCTI entre octubre de 2022 y marzo de 2023. El análisis estadístico incluyó regresión logística múltiple, utilizando Odds Ratio (OR) para cuantificar asociaciones. La capacidad diagnóstica del modelo se evaluó con curvas ROC y la bondad de ajuste con la prueba de Hosmer y Lemeshow.
Resultados: Participaron 1008 médicos de 21 países, con edad promedio de 40.8±10.3 años. La mayoría trabajaba en hospitales universitarios (78.4%) y centros de formación en cuidados críticos (72.1%). En cuanto a ADS, el 67.6% no contaba con un líder de implementación. Las benzodiacepinas fueron el sedante más utilizado (61%). El 74% percibió un cambio en sus hábitos respecto a ADS tras la pandemia, con mayor uso de sedación profunda. Un 25% (IC95% 22.4%-27.8%) percibió un uso persistente e innecesario de sedación profunda, siendo más prevalente en Sudamérica (35.8%, p<0.001). Además, el 39% percibió menor monitorización del delirium post-pandemia, el 52% reportó una reducción en enfoques no farmacológicos para prevenirlo, y el 60% observó un deterioro general en las prácticas de ADS. Estos problemas se atribuyeron a sobrecarga de trabajo (70%), falta de personal (55%) o personal inexperto (69%), y el aislamiento fue un factor clave (57%). En el análisis multivariado, los factores de riesgo incluyeron hábitos adquiridos durante la pandemia (ORa 3.16, p<0.001), dependencia de personal inexperto (ORa 1.70, p=0.007) y uso de midazolam (ORa 1.47, p=0.035). Factores protectores fueron la monitorización del delirium (ORa 0.70, p=0.038), liderazgo de enfermería en analgosedación (ORa 0.69, p=0.038), ciclo sueño/vigilia según ABCDEF (ORa 0.68, p=0.027), y estrategia dirigida por objetivos (ORa 0.66, p=0.039). El modelo mostró un área bajo la curva de 0.70 (IC95% 0.66-0.74) y buena bondad de ajuste (p=0.59).
Discusión: La encuesta reveló una percepción de mayor sedación profunda durante y después de la pandemia, vinculada a prácticas previas y a la inexperiencia del personal. Un equipo multidisciplinario que supervise la sedación y el delirium podría mitigar esta tendencia, priorizando un enfoque humanizado en cuidados críticos.